importancioso

El hombre era nómada antes que agricultor. Siendo agricultor sabía que había algo detrás de esas montañas. Y se hizo viajero. Y conoció mundo. Y volvió a casa y lo celebraron con cerveza. Y les contó su viaje. Pero un imbécil en la tribu no le creía, e inventó la cámara fotográfica. Este blog está relacionado con el cuento: viajes, comer, beber, emprender, relatos, surf y fotografía. Porque ¿de que te sirve viajar al lugar más bonito del mundo si no tienes una foto para callar la boca a ese imbécil?

Mi viaje en autostop a Roma en 1970

4 comentarios


Corría el verano de 1970 y mi hermano Daniel, el mayor de 8 hermanos, planteó en casa que quién le quería acompañar a Roma en autostop desde Zarauz, Guipúzcoa.

Yo era el quinto de los hermanos, tenía otros tres con prioridad en el medio: lo tenía un poco crudo. Pero los ojos, mis ojos, salían de sus órbitas y el cosquilleo interior era insoportable.

Todo comenzó un año antes. Mi hermano Daniel estudiaba en Pamplona y decidió irse en verano a Londres a aprender inglés. Nos escribió una carta (en esas fechas no había internet, no había móviles y las tarjetas de crédito eran para unos pocos) contándonos su viaje en avión de Bilbao a Londres. Al lado iban unas chicas con unas faldas tan cortas que cuando se levantaban para coger su bolsa del rack una le sujetaba a la otra el bajo de la falda para que no se le viera nada.

Daniel volvió de Londres en autostop por Bélgica y Francia. Entre otros le paró una artista, y su troupe, que hacían performances en las que el se enterraba en un ataúd a varios metros de profundidad con un conducto para respirar. No comment!

Cruzó toda Francia y en alguna ciudad, mientras comía un bocadillo de foigras en la escalera de una iglesia, una anciana le dio un franco francés de limosna.

Allí debió cogerle gusto al autostop, a viajar y a la aventura. Y no se le ocurrió otra cosa que el año siguiente que ir a Roma en Autostop.

El tenía 19 años, … yo tenía 12 y vestía con pantalón corto. Lo tenía crudo.

Yo creo que ni siquiera sabíamos que había 1.800 kms.

Pero a mi la oportunidad de ver el mundo con 12 años me parecía fascinante. El único problema es si Pedro, Ignacio o Javier, los hermanos que se interponían, querrían ir con Daniel o no.

Creo que ni siquiera pensé en que mis padres me pudieran dejar ir o no. Cualquier persona con sentido común sabría que no me dejarían.

Pero con 12 años no debía tener sentido común.

Pedro había estado ya en Roma y la idea de volver, y en autostop, no le traía nada.

Ignacio siempre ha sido el relaciones públicas de la familia y el verano en Zarautz siempre ha sido la mejor época del año. Un viaje a Roma no le iba a alejar de tomar unos vinos durante todo el verano en el pueblo.

Javier tenía una novia estupenda en San Sebastián y lo del autostop no le traía lo suficiente.

Sinceramente no recuerdo que ocurrió y cómo a mis padres, debían de estar bajos de defensas, nos autorizaron a ir a los dos, 19 y 12 años, en autostop a Roma.

Lo cierto es que un día, con el pollo asado que nos preparó mi madre en la mochila, salimos hacia Tarbes con mi amigo Pablo y sus padres: le llevaban a una colonia en Francia.

Los Eizaguirre nos dejaron en un cruce de caminos cerca de Tarbes y comenzamos la aventura. Ese día nos pararon varios coches. Uno de ellos un cura, en un Dyane, que iba a Lourdes.

Llegamos a Toulouse. Comimos el pollo en un parque al borde del rio, cerca de un gran puente. A Daniel no le resultó un lugar seguro para dormir y fuimos con nuestras mochilas y sacos de dormir a un descampado más tranquilo.

Esa noche dormí boca arriba en mi saco mirando las estrellas. Era el universo que tenía por delante, toda la vida que tenía por delante, infinita.

Daniel dormía a un metro de mi. Dormía de costado, mirando una rata grande que le miraba desde unos pocos metros de distancia. Le costó dormir. No me extraña.

Al día siguiente varios coches nos llevaron hacia el Este. Pero los recorridos eran cortos, tardaban en cogernos y Roma parecía estar cada día más lejos.

Daniel decidió volver a España.

El último que nos paró fue un camionero que nos dejó en Perpignan. Nos decía que debíamos poner en el cartel de cartón “Nous sommes espagnols” pues Perpigna había pertenecido a España.

Desde Perpignan cogimos un autobús a Lérida donde Daniel tenía un compañero de estudios que nos permitió dormir en la azotea de su casa.

Al día siguiente fuimos a la Costa Dorada donde mi tío Félix tenía un hotel y disfrutamos de unos días de “dolce vita”.

Volvimos en tren desde Sant Viçens de Calders hasta Donosti de noche. Asía acabó mi viaje a Roma, sin oir nada de italiano en todo el viaje.

La experiencia fue impresionante y me abrió el camino a la vida, al mundo, a los viajes.

Posteriormente he hecho mucho autostop, que me ayudó a abrirme, a vencer mi timidez.

Uno de los mejores viajes en autostop fue acompañado de una Gordon & Smith, mi tabla de surf de 2,17 metros.

Había oído de un surfista australiano que había recorrido todo el Cantábrico y el Atlántico de Portugal con su tabla. Y me dio mucha envidia.

Salí desde Bilbao, Daniel me dejó en la carretera, con la tabla envuelta en el saco de dormir, en la funda, y con un invento de gomas para engancharlo a coches sin bacas.

Me pararon varios coches y, a la altura de Solares, tres chicos y una chica me acogieron en su coche y fui con ellos por al misma ruta del surfista hasta Peniche, en Portugal. Visitamos cantidad de Iglesias góticas, románicas (eran estudiantes de letras).

En Peniche me quedé en el camping mientras ellos seguían hacia Lisboa. Yo esperé las olas pero no llegaron así que cogí un autobús a Lisboa y les esperé en la puerta del Camping de Lisboa hasta que , unas horas después, llegaron.

Después de unos días volví con ellos a Santoña y de allí a casa de Daniel, en Trapagarán. Daniel me dio 1.000 pesetas, con las que pasé una semana en Mundaka, antes de volver a Zarautz.

¡Muchas gracias por todo Daniel!

(Ultimamente he hecho algunos viajes en Bla Bla Car, tanto de conductor como de pasajero, es mucho más cómodo, pero menos emocionante!)

 

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Autor: Felix Zulaica

Otra Dimension en Marketing online. Redes sociales, blogs, emprender, marketing, surf, photo y vida real. No soy gurú de nada!

4 pensamientos en “Mi viaje en autostop a Roma en 1970

  1. Gran historia… reconozco a mi padre en ella… jajaja.

    Esta claro que los aitonas aceptarian cualquier oportunidad de aligerar la casa de gente por unos dias… que se quieren ir a Roma? Pues que vayan!

  2. Eres un saco de sorpresas, con esa carita de no haber roto un plato. Le voy a decir al Félix que conozco, que deje de esconder al Félix que habita dentro. No cambies. Muxu

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